domingo 31 de mayo de 2009

Soy mujer






Este pensamiento tiene derechos reservados

lunes 27 de octubre de 2008

El fin del enamoramiento

Por: Eugenia Correa, el 16 de octubre de 2008, 09:14 AM

Un príncipe mandarín se enamora de una cortesana. Ella le dice que la debe esperar afuera de su ventana sentado en un banco durante 100 noches y que entonces se entregará a él. Pasan 99 nueve noches y el mandarín toma su banco bajo el brazo y se va. ¿Qué sucedió?

Alguna vez leí que el fin del enamoramiento estaba donde comenzaba la vergüenza ajena. Es decir, que el día en que algo en tu pareja por quien suspiras y das la vida, te hace sentir pena frente a los demás, se pone borracho frente a tus padres, cuenta un chiste malo frente a tus amigos, o tan sólo ostenta un horrible grano en la punta de la nariz, es cuando se acaba el enamoramiento. Son estos mínimos detalles que hacen que la buena imagen que teníamos del ser amado, se altere, si no es que se rompe en pedazos.

¿Por qué sucede esto? Bueno pues porque son esas nimiedades las que nos hacen ver a esta persona como alguien completamente terrenal. Algunos filósofos proponen el asco como el límite de la experiencia estética, y a mi parecer la pena ajena es lo mismo para la experiencia amorosa. No hay más que recordar cuando éramos adolescentes, en esos tiempos en que cualquier cosa que tus padres hacen te causa terribles penas. El típico episodio en que tu padre pasa por ti a la fiesta, en pijama. O en que tu madre intenta limpiar tu cara con su baba, frente a tus amigos. ¿Acaso no es ahí cuando dejas de ver a tus padres como super héroes y se convierten en simples mortales?

Según Roland Barthes en su libro sobre el discurso amoroso, los griegos sentían tanto miedo a provocar este sentimiento en sus amantes que a toda costa cuidaban su imagen frente al ser amado. En este mismo libro, Barthes cuenta la historia del príncipe mandarín y la cortesana. Barthes usa la historia para ejemplificar al amante que gusta más de la espera para el amor, que del amor mismo, aunque a mi parecer no es ese el problema en la historia, sino que probablemente la imaginó saliendo a hacer las compras por la mañana con tubos en la cabeza, sintió vergüenza imaginaria y decidió que no valía la pena la espera.

Ahora, lo más terrible de la pena ajena es que quien la está provocando nunca se da cuenta del efecto que causa. Y eso, nos hace a todas proclives a ser causantes de pena ajena… ¡Sí señoras y señoritas, ahí está la ironía de todo esto: nadie está exento de ser agente de pena ajena! ¿Entonces eso significa que nadie podría amarnos? NO.

La buena noticia de todo esto es que muchas veces, cuando el enamoramiento se acaba (y siempre sucede, incluso hay estudios científicos en donde se ha comprobado que no puedes estar enamorado de alguien por más de 3 años), puede surgir el verdadero amor. Por supuesto esto no se da todos los días y hay que saber identificar el cambio de una cosa a la otra, pero un buen síntoma es que si sobrevives a la pena ajena con esa pareja, puede que ese primer enamoramiento se esté convirtiendo en algo más.

Y por suerte para la supervivencia de la humanidad el verdadero amor si puede soportar la vergüenza ajena, porque esa sí, siempre será mutua y nunca se acaba. ¿Cuéntenme alguna vez han sentido tanta vergüenza por alguien que no hayan podido seguir una relación?


Del sitio:

http://mx.mujer.yahoo.com/blog/Eugenia-Correa/45/El-fin-del-enamoramiento



Segundas oportunidades

Por: Merlina Meiler, el 16 de octubre de 2008, 09:03 AM

Una segunda oportunidad nos da la posibilidad de volver a intentar una relación con quien hemos formado una pareja. Muchas veces me han preguntado en mi consultorio emocional: ¿vale la pena dar (o darnos) una segunda oportunidad, en una relación de pareja? ¿De qué manera hacerlo? Aquí, las respuestas…

¿Qué hace falta para una segunda oportunidad?

Para tener éxito en este nuevo intento, es necesario:


1. Que los dos integrantes estén de acuerdo. Con la voluntad de uno solo, no alcanza.


2. Aceptar lo que sucedió. Aunque duela, hubo razones para decidir dejar de estar juntos, y negarlas te estancará en la irrealidad. Acepta los hechos, y habrás dado un paso hacia adelante para hallar una solución a la situación.


3. Perdonar (o perdonarnos) sinceramente, al 100%. Los perdones a medias no sirven, el hacerlo con “peros”, tampoco. Considero al perdón esencial para una reconciliación, y saber que le estás dando al otro una última posibilidad para demostrarte que realmente comparte tu interés en rearmar la pareja, es una buena opción. Cualquiera puede equivocarse una vez, por la razón que fuese.


4. Dejar atrás el pasado: estar permanentemente pensando en hechos del pasado o acusando al otro (o a nosotras) de lo sucedido, es una apuesta segura al fracaso del nuevo intento. No estoy diciendo que olvides lo sucedido. Puedes aprender a que no vuelva a pasar. Sitúate en el día de hoy y mira hacia el futuro, que puede ser realmente bello y pleno si usas tu inteligencia para llenarte de esta nueva realidad que se abre delante de ti, y para dejar atrás lo que no pertenece al hoy, ni a lo bueno que está por venir.


5. Saber que va a ser necesario hacer ciertos cambios y que algunos serán tu responsabilidad. Habla con tu pareja para saber qué le molestó, ten presente que puedes modificar conductas que la molestan (siempre y cuando no vayan contra tus propias creencias). Por ejemplo, una cosa es recibirlo de mejor humor cuando llegue de trabajar (aunque tú también estés cansada) y otra dejar de ver a tus amigas porque le molesta que salgas sin él. ¡Todo según tus límites y tus parámetros!


6. Ten en cuenta, también, lo que le pedirás al otro que modifique. Sé muy sincera si hay puntos que no tolerarás o si hay condiciones que te parecen esenciales para estar nuevamente con él. ¡Mereces lo mejor, de nada sirve aceptar lo que no nos hace bien para no estar solas!


¿Vale la pena intentarlo nuevamente?

¡Esta respuesta anida en tu corazón! Sólo tú puedes tomar la decisión, basada en tus sentimientos y en tu felicidad personal y emocional.

Si los dos están de acuerdo en volver a estar juntos y lo intentan con convicción, claro que puede irles muy bien ¡Les deseo el mayor de los éxitos!


De la página:

http://mx.mujer.yahoo.com/blog/Merlina-Meiler/43/Segundas-oportunidades